|
Maserati 222 SR VS Shamal
Dos automóviles diferentes con el mismo tipo de carrocería coupé, aunque mucho más deportivo el Shamal cuyo motor desarrolla 100 caballos más de potencia. El 222 SR ofrece un interior de lujo con inserciones de madera y además sus prestaciones están a un buen nivel.
Hasta ahora, Maserati nos tenía acostumbrados a coches tipo berlina o coupé en la mayoría de los casos de elevadas prestaciones, pero siempre bajo un enfoque de elegancia aunque sin descuidar detalles deportivos. De los dos modelos de la firma del emblema del Tridente que traemos a nuestras páginas, uno de ellos —el 222 SR- continúa la tradición mientras que el Shamal rompe en cierto punto la norma. Y decidimos en cierto punto porque se trata de un deportivo a ultranza, con unas formas de carrocería espectaculares y un motor potentísimo; sin embargo, en el interior guarda el aire de familia de los demás Maserati a pesar de que se han eliminado las incrustaciones en madera de nogal por una utilización profusa del cuero.
El Shamal es la exclusividad andando. Un automóvil con una producción muy limitada -hay actualmente cinco en nuestro país- y que dentro de cien años será una joya de colección. Es el modelo de serie del fabricante italiano más potente y también el más caro. Porque lo exclusivo se paga. El coche cuesta casi 14 millones de pesetas, una cifra que no debe sorprender a nadie, por mucho que en Italia valga menos.
Por su parte, el 222 SR va dirigido a un sector de público mucho más amplio, si tenemos en cuenta el segmento donde se ubica, que es el de los deportivos, con un precio superior a los 8 millones de pesetas. Este Maserati se diferencia claramente de sus rivales por la elegancia en el interior del habitáculo, con madera por todos lados, que es propia de una berlina y no de un deportivo. Ahí radica uno de los puntos de por qué el constructor latino se diferencia de los demás. Un encanto especial que no hace dudar al comprador aunque le pongan al lado un Ferrari o un Porsche. O a lo mejor adquiere los tres, porque en este segmento tan particular nunca se sabe muy bien la mentalidad del que paga. Sea lo que fuere, lo cierto es que el 222 SR se diferencia de sus rivales por su presentación interior y su mayor maletero, prestaciones aparte.
En la carrocería, el Shamal y el 222 SR sólo tienen en común la rejilla delantera. Llama la atención los nuevos faros redondos de óptica elipsoidal que mejoran la visibilidad, sobre todo a velocidades elevadas; al lado están los de largo alcance, un poco mayores, pero de forma rectangular. Encastrados en el parachoques, el Shamal lleva faros antiniebla y de largo alcance y su hermano sólo los primeros.
El Shamal es mucho más espectacular. Empezando por las llantas, de aleación en ambos, que son de radios para una mejor ventilación de los frenos en el más caro y de diseño más clásico en el 222 SR. Los neumáticos, hechos especialmente por Michelin para el Shamal, son de mayor tamaño en el eje trasero que en el delantero y, dada la medida, obliga a unos pasos de rueda traseros poco menos que gigantescos. Siguiendo con el Maserati de mayor potencia, dispone de multitud de apéndices aerodinámicos, delante y detrás y a lo largo de la carrocería; además, hay un alerón situado en la base del parabrisas que mejora la difusión del aire y agua en el parabrisas e incrementa la adherencia de los limpiaparabrisas, amén de que los mosquitos no se estrellan tanto sobre el cristal. En el 222 SR también se emplea este alerón y otro sobre el maletero, pero la línea no es tan espectacular y sí más elegante.
En el interior, los dos Maserati tienen en común la tapicería en piel de los asientos y otros detalles lujosos de equipamiento como el climatizador automático, la regulación eléctrica del respaldo de los asientos, los elevalunas y los dos retrovisores exteriores; desde el interior se abre la tapa del depósito de gasolina y el maletero. Por su carrocería tipo tres volúmenes, ambos Maserati ofrecen un espacio para equipajes, lo que es una ventaja respecto a otros deportivos.
La instrumentación es muy completa en los dos, con indicadores de carga de la batería o manómetro del aceite que se añaden a los habituales. El volante se puede regular en altura (el mecanismo que hace que se mueva es lo que menos nos gusta) y destaca, como es norma en todos los Maserati, el reloj colocado en el centro del salpicadero, que es una buena joya. La postura al volante tiene como contrapartida la imposibilidad de regular en altura la banqueta del asiento, lo que obliga a ir con la cabeza cerca del techo no ya para una persona alta, sino para un conductor de estatura media. Como dijimos al principio, en el Shamal no hay incrustaciones en madera, pero la combinación de la tapicería de piel con el tejido en Alcántara para los paneles de las puertas y techo es de un gusto exquisito. En el 222 SR se localiza la madera en el pomo de la palanca de cambios, freno de mano, volante, salpicadero y paneles de las puertas.
Si dejamos a un lado el motor, hay aspectos mecánicos que son similares en ambos Maserati. La dirección, asistida, con una relación de desmultplicación que hace girar las ruedas entre extremos con poco más de tres vueltas de volante. Los frenos, de disco en las cuatro ruedas con ventilación interior en los delanteros; en este apartado conviene resaltar la ausencia de ABS, puesto que así el espíritu deportivo de los dos se resalta aún más. No se ofrece ni en opción. Y en cuanto a la suspensión, el Shamal monta de serie la denominada «electrónica, activa e inteligente» que es opcional en el 222 SR. Se trata de un sistema elaborado con el fabricante de amortiguadores Koni, por el que cualquiera de las ruedas que encuentra una irregularidad manda un mensaje en 300 milésimas de segundo al ordenador y éste comunica a cada rueda las órdenes oportunas. El conductor puede variar el tarado de los amortiguadores en cuatro posiciones distintas; la última y más dura es la indicada para una conducción muy deportiva.
El «corazón» del Shamal es todo un señor motor. Es un ocho cilindros en V con culata de cuatro válvulas por cilindro y dos turbocompresores. En cuanto a la alimentación y encendido es como si fueran dos de cuatro cilindros completamente independientes; esta solución permite asegurar, aunque haya una avería en uno de los componentes, el funcionamiento del motor. La potencia quita el hipo a cualquiera: 126 caballos. Quizá lo más sorprendente es que el par motor se consigue a menos de 3.000 revoluciones por minuto, lo que favorece la capacidad de recuperación en marchas largas.
Por el contrario, en marchas cortas el empuje es espectacular y al levantar el pie del acelerador el silbido de la válvula de descarga de los turbocompresores nos recuerda el sonido de un motor de competición.
Es novedad la caja de cambios manual de seis velocidades, más precisa y cómoda de utilizar que la del 222 SR. La última marcha no tiene un desarrollo largo, sino al contrario la velocidad máxima se consigue por encima del régimen de potencia máxima. Tiene la ventaja de que no es necesario emplear marchas cortas para adelantar y tanto en cuarta como en quinta sale catapultado hacia delante; no hay más que fijarse en los datos de recuperación de 80 a 120 kilómetros por hora en dichas relaciones para darse cuenta de lo breve que puede ser un adelantamiento. En lo referente al consumo, las cifras son aceptables siempre y cuando no se realice una conducción deportiva por una carretera de montaña o ir permanentemente con el pie en la «tabla» por una autopista.
El comportamiento, a pesar de los tarados específicos de la suspensión y los enormes neumáticos traseros, depende de la presión sobre el acelerador porque caballería hay para aburrir. Como buen tracción trasera; el coche tiende a irse de atrás sobre todo en marchas cortas. Desde luego, el Shamal no es un automóvil para una persona con poca experiencia al volante.
El motor del 222 SR sólo se parece al del Shamal en los dos turbos, porque lo demás es muy distinto. Es un seis cilindros, también en V, pero con culata de tres válvulas por cilindro y una cilindrada de 2,8 en lugar de 3.200 centímetros cúbicos. La potencia es de 225 caballos debido al catalizador (250 sin él) y la sensación, al igual que en el Shamal, es de una entrega de potencia brusca y una aceleración inmediata. La caja de cambios es de cinco velocidades con la primera hacia abajo.
CONSUMO*
* Valores en litros cada cien kilómetros.
PRESTACIONES
· Texto: J. Gutiérrez. Fotos: J. A. Díaz (GRAN AUTO 16 nº 33, noviembre 1991)
|
|
||||||||||